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EL NACIMIENTO DE LA AERONÁUTICA MILITAR ARGENTINA

Por Alejandro Vidal


 

El 19 de octubre de 1856, un aeronauta francés de apellido Lartet fue el primero en volar en globo en nuestro país, al surcar los aires porteños desde el terreno del Molino de Viento, en las inmediaciones del actual Congreso Nacional.

En 1866, en el transcurso de la Guerra contra el Paraguay, se utilizó un globo esférico, de origen estadounidense, con el fin de observar las posiciones enemigas que, si bien no fue empleado para vuelos, dado que era sujetado por soldados desde tierra, el 8 de julio de ese año el sargento mayor Roberto Chodasiewicz realizó a bordo del mismo la primera ascensión por parte de un militar de nuestro país y de América del Sur.

Ya a fines de 1907, regresó al país el diplomático Aarón de Anchorena, trayendo consigo un globo esférico de 1200 m3, adquirido en Francia, y que recibió, en homenaje a nuestro criollísimo viento, el nombre de “Pampero” (foto).

Anchorena invitó a su amigo, el ingeniero Jorge Alejandro Newbery, a participar de la primera ascensión, efectuada el 25 de diciembre del mismo año en un vuelo que, tras partir del predio de la Sociedad Sportiva Argentina (hoy Campo Argentino de Polo), realizó el primer cruce aéreo del Río de la Plata de la historia, aterrizando en Conchillas (Uruguay).

El 13 de enero de 1908 fue creado el Aero Club Argentino, primera entidad aérea del país y que habría de tener una gran participación en la formación de nuestra aviación militar; Aarón de Anchorena fue su primer presidente, acompañado por Jorge Newbery.

De su carta fundamental surge que, entre sus objetos, estaba el “ofrecer al Ministerio de Guerra el concurso de la asociación a fin de organizar el servicio de la aeroestación militar” (inc. d).

El 17 de octubre de 1908, el Pampero se perdió en el Río de la Plata, llevándose consigo la vida de sus dos tripulantes (el Dr. Eduardo Newbery, hermano de Jorge, y el sargento Eduardo Romero).

Esta tragedia detuvo por un tiempo la actividad de vuelo del Aero Club Argentino hasta que el 24 de enero de 1909 fue elevado el globo Patriota, propiedad de Jorge Newbery, acompañado en ese vuelo por el ingeniero Horacio Anasagasti.

En 1910, en ocasión de las brillantes celebraciones conmemorativas del centenario de la Revolución de Mayo, llegaron a la Argentina los primeros aeroplanos: el francés Henri Brégi, con dos biplanos Voisin de 50 caballos de fuerza, y una semana más tarde, el italiano Ricardo Ponzelli, con un avión similar a los anteriores.

El 30 de dicho mes, Ponzelli realizó en Campo de Mayo un vuelo que fracasó por cuestiones técnicas, pero Brégi tuvo mejor suerte y el 6 de febrero, en terrenos de Longchamps, tripulando un Voisin Octavie III realizó el primer vuelo nacional en aeroplano registrado y fiscalizado por el Aero Club Argentino, de una extensión de 7 km, alcanzando una altura de 60 metros a una velocidad de 45 km/hora.

El 3 de marzo, el francés Alfredo Valleton realizó vuelos con pasajeros por primera vez en el país.

El 23 del mismo mes, fue inaugurado el primer aeródromo nacional en Villa Lugano, en las afueras de la ciudad de Buenos Aires, con un certamen aéreo. Desde allí, una semana después, el francés Émile Aubrun, con un Blériot Anzani de 35 CV, realizó el primer vuelo nocturno nacional, haciendo el trayecto Lugano-Tapiales-Lugano.

Aeródromo de Villa Lugano

El 16 de diciembre del mismo año, el piloto italiano Bartolomé Cattaneo unió Buenos Aires con Colonia, y fue el primer aviador en cruzar en aeroplano el Río de la Plata.

El Aero Club Argentino apoyó el vuelo con motor, trayendo al país máquinas e instructores como el ya mencionado Aubrun, que enseñaron a volar para la obtención del brevet de Piloto Internacional, reconocido por la Federación Aeronáutica Internacional, cuyo otorgamiento estaba a cargo de aquella entidad en el aeródromo de Villa Lugano

Esta actividad fue despertando la conciencia del Ejército acerca de la utilidad del aeroplano para las actividades militares, en las que ya estaba siendo empleado por Italia, Francia, Alemania, España y las demás potencias europeas.

Hasta ese momento, el uso del “más pesado que el aire” no gozaba de una total aprobación, ya que todavía, para muchos, el uso del dirigible contaba con ventajas. Habría que esperar el transcurso de la Primera Guerra Mundial para apreciar el desarrollo del aeroplano y su evolución posterior.

Reunión de Comisión Directiva del Aero Club Argentino.

 

La creación de la Escuela Militar de Aviación.

La idea de incorporar la aviación al ámbito militar argentino recibió el apoyo de oficiales como el mayor Arturo P. Luisoni (foto), quien en abril de 1912 propuso adquirir un dirigible por suscripción nacional mediante la venta de tarjetas.

 

En un principio, su iniciativa no encontró respaldo institucional por dos motivos: los constantes accidentes que se producían por entonces y el costo de adquisición y mantenimiento de las aeronaves, sin olvidar que había quienes aún defendían el uso del dirigible frente al del aeroplano.

Esa falta de respuesta hizo que Luisoni buscase apoyo en los medios civiles: se reunió con el barón Antonio de Marchi, presidente de la Sociedad Sportiva Argentina, principal entidad de la actividad aérea junto al Aero Club Argentino, para que la misma liderase la suscripción popular.

De Marchi se contactó previamente con el ministro de Guerra, general Gregorio Vélez, quien se manifestó a favor de la idea, pero dando prioridad a la compra de aeroplanos.

En consecuencia, la Sociedad Sportiva se dispuso a llevar a cabo la impresión de 1.500.000 tarjetas postales; una vez efectuada su venta, se constituiría una comisión técnica del Aero Club Argentino, presidida por Jorge Newbery, y se pediría al Ministerio de Guerra la formación de otra militar para que, reunidas ambas, se decidiera el tipo de aeroplano por adquirir.

Para despejar toda duda respecto del uso de los fondos recaudados, el 1 de junio de 1912 fue constituida, en los salones del Jockey Club, la Comisión Pro Flotilla Aero Militar Argentina, organización encargada de recibir, agradecer, orientar y canalizar los proyectos y donaciones destinados a concretar la creación de la aviación militar. Dicha comisión fue reconocida por el Poder Ejecutivo Nacional como la única autorizada a recolectar fondos el 19 de julio.

Estampilla alusiva

A partir de allí, se inició una febril actividad que incluyó tanto reuniones de Newbery y demás personalidades con empresarios para requerir su apoyo, logrando así importantes donaciones de aeroplanos e ingresos producto de la venta de tarjetas y medallas.

Gracias a su accionar, se logró que la firma Piccardo y Compañía donase un aeroplano para el Ejército (una comisión técnica recomendó que fuera un Nieuport). Por su parte, la Compañía Argentina de Tabacos Limitada ofreció al Ministerio de Guerra por parte del Aero Club Argentino, la donación de una escuela de aviación, compuesta de un monoplano Nieuport, un Blériot 50 HP, más los gastos del aviador francés Marcel Paillette por tres meses, quien realizaría la instrucción de futuros pilotos en un biplano Farman, también ofrecido al ministerio.

Todo ello fue ofrecido con el fin de acelerar el proceso de constitución y formación de la aviación militar.

Avión Blériot del tipo utilizado en la Escuela Militar de Aviación

Por su parte, el Sr. Eduardo Castex, por intermedio de la Sportiva Argentina, donó un Nieuport. (Por decreto del 18 de mayo, el gobierno aceptó las donaciones de aviones).

La firma Mantels y Cía. donó a la “Comisión Pro Flotilla…” las instalaciones que constituían el aeródromo de El Palomar y la Compañía Primitiva de Gas hizo lo propio con 100.000 m3 de gas.

La labor de esta comisión y el respaldo del pueblo argentino rápidamente llevaron a un resultado favorable y así, el 10 de agosto de 1912, por decreto del presidente Dr. Roque Sáenz Peña, refrendado por el ministro de Guerra Gregorio Vélez, fue creada la Escuela Militar de Aviación, primera unidad aérea militar del país, primera escuela de aviación militar de Sudamérica y génesis de la aeronáutica nacional.

Dicha norma reconocía el aporte del Aero Club Argentino, que brindó gratuitamente su parque aerostático y sus elementos, así como su asesoramiento técnico y sus profesores. Mientras no hubiera personal militar especializado, la dirección técnica estaría a cargo del Aero Club Argentino (art. 4).

La dirección militar del Curso de Aeroestación y de la Escuela de Aviación habría de estar a cargo de un (oficial) jefe del Ejército, con el personal de clases y tropas que se considerara necesario (art. 5).

Por el Ministerio de Guerra se llamaría a inscripción a los jefes y oficiales del Ejército que quisieran hacer los cursos de aviadores y el Ministerio de Marina debía elevar al de Guerra la lista de los aspirantes navales (art. 6).

El nuevo instituto fue instalado en un terreno que había pertenecido a la Compañía Aérea Argentina y que llevaba el nombre de El Palomar, motivo por el cual el predio actualmente ocupado por la Primera Brigada Aérea de la Fuerza Aérea Argentina es considerado “cuna de la Aviación Argentina” (foto)

Dicha compañía había creado allí, en julio de 1910, la Escuela Aérea Argentina, que funcionó hasta mayo de 1911, contando con un biplano Farman y un monoplano Antoinette. La firma contrató al piloto francés Alfred Valleton, quien comenzó a entrenar a militares, entre ellos el teniente Raúl Eugenio Goubat y el teniente de fragata Melchor Zacarías Escola, que no llegaron a obtener el brevet de piloto internacional porque la escuela terminó su actividad al perder sus dos aviones en sucesivos accidentes (Goubat fue el único que llegó a realizar un vuelo solo).

Posteriormente el predio fue usado como aeródromo bajo la administración del Aero Club Argentino, uno de cuyos vicepresidentes era, por entonces, el teniente coronel de Ingenieros Arenales Antonio Uriburu (foto), quien fue designado director del nuevo instituto.

 

El 14 de septiembre fue aprobada la reglamentación de la Escuela Militar, cuyo art. 1 establecía que aquella sería la asesora del Ministerio de Guerra en lo referido a la navegación aérea.

La dirección técnica estaría a cargo de una comisión compuesta por el presidente del Aero Club Argentino, tres miembros de su comisión directiva, el director militar y dos jefes cuya designación quedaba sometida a la aprobación del ministro de Guerra (conf. art. 3).

El carácter de unidad del Ejército que revestía la Escuela resultaba de los arts. 4 (militarmente se la ponía a órdenes de un jefe del Ejército con el título de director de la Escuela Militar de Aviación y atribuciones de jefe de regimiento) y 5 (la citada dirección dependería directamente del Ministerio de Guerra).

Por el art. 24, la Sección de Aeronáutica Militar afectada a la Escuela para su servicio constaría de un oficial, dos sargentos, dos cabos primeros, treinta conscriptos del Ejército y diez de la Armada. Dicho destacamento quedó formado por soldados en comisión, provenientes de otras unidades, y sus tareas eran las de vigilancia y arreglo de los caminos y de la pista de vuelo.

La Aeronáutica Militar comprendería los globos libres, globos dirigibles y aparatos de aviación (art. 34). El curso técnico y práctico de aeronáutica duraría seis meses (art. 31).

Por el art. 36, el diploma de Aviador Militar se otorgaría a los oficiales del ejército activo que, poseyendo el diploma de aviador del Aero Club Argentino, hubieran ejecutado una serie de pruebas determinadas en un programa confeccionado cada año por la comisión técnica de la Escuela, según los progresos de la aviación, debiendo los aspirantes satisfacer ante la comisión un examen teórico sobre temas de aviación.

Como para organizar el primer curso se dispuso el llamado en conjunto a oficiales del Ejército y la Armada, en cierta forma se puede afirmar que con esta creación también nació la aviación militar en general, no vinculada a una fuerza en particular.

Integraron ese primer curso: el teniente de la Armada Melchor Zacarías Escola y los tenientes del Ejército Raúl Eugenio Goubat, Pedro Leandro Zanni, Juan Carlos Ferreyra, Alfredo Salvador Agneta, Manuel Félix Origone, Aníbal Brihuega, Carlos Giménez Krámer, Leopoldo Casavega y Baldomero de Biedma (foto).

A ellos y con autorización especial se agregó el sargento primero Francisco S. Sánchez, encargado de la Mayoría y primer suboficial recibido en la Escuela.

El acto inaugural tuvo lugar el 8 de septiembre de 1912 y contó con la presencia de los ministros de Guerra, general Vélez, y de Marina, almirante Sáenz Valiente, quienes tras visitar las instalaciones y revistar el parque de aeroplanos, fueron invitados a un lunch realizado en uno de los cobertizos.

Allí, Jorge Newbery, titular de la dirección técnica en su carácter de presidente del Aero Club Argentino, hizo entrega formalmente de la Escuela Militar al ministro de Guerra.

Jorge Newbery y Alberto Mascías (centro)

Finalizada la ceremonia, se inició una serie de vuelos en los que participaron los pilotos Marcel Paillette, Jorge Newbery, Teodoro Fels, Pablo Castaibert y otros oficiales alumnos del primero.

Aeródromo de El Palomar, 1912

Los primeros aviones que conformaron el parque aéreo del instituto incluían tres máquinas de origen francés, donadas por la Compañía Argentina de Tabacos Limitada: un biplano Henri Farman, un monoplano Blériot XI y un Nieuport M IV. También la firma Piccardo y Compañía ofreció donar un avión, lo que fue aceptado por decreto del 23 de abril de 1912 y se formó una comisión encargada de elegir el tipo más adecuado, con el nombre de Argentina, optándose por el Nieuport 2-G.

El Sr. Alberto Castex donó un Nieuport M IV y el Jockey Club de Lomas de Zamora obsequió un Santos-Dumont Demoiselle, que no fue usado por su mala estabilidad y por las deficiencias que tenía para el aprendizaje primario.

El constructor Pablo Castaibert entregó a la Escuela un avión Castaibert IV, primero de diseño y construcción nacionales.

Con el aporte de un grupo de estudiantes secundarios de la Capital Federal se compró un avión nacional –un Marichal Estudiantil– y, mediante los fondos recaudados por el Aero Club, se adquirió un Bréguet 1912.

La firma Duhunkrack, Nellen y compañía hizo entrega de un Rumpler Taube, conocido familiarmente como “La Paloma”.

En 1915 se incorporó un Morane-Saulnier Parasol, el mismo que luego utilizó el teniente Candelaria para realizar el primer cruce de los Andes por avión (foto).

En 1916 se recibió un Voisin 1915 francés, completando esta dotación inicial de la Escuela de Aviación.

Deben destacarse también otras valiosas donaciones como la de la voiturette Anasagasti, de construcción nacional, efectuada por Horacio Anasagasti y conservado actualmente en el Museo Nacional de Aeronáutica (foto) y la de un botiquín completo de primeros auxilios, realizada por Rodolfo Moreno.

De los otros modelos recibidos por la Escuela, algunos tuvieron poca utilización por sus deficientes prestaciones o tuvieron accidentes que obligaron a su radiación del servicio. Por otra parte, en los talleres del instituto fueron reparados aviones accidentados y también fueron construidos ejemplares de Farman, para uso interno e instrucción de pilotos de otros países.

Jorge Newbery, junto al piloto Teodoro Fels y al constructor de aeroplanos Pablo Castaibert

El primer curso fue inaugurado el 4 de noviembre de 1912 a las 8 de la mañana. La reglamentación de la Escuela y los programas de estudios fueron confeccionados por la Comisión Técnica y aprobados por decreto del Poder Ejecutivo Nacional.

Aviones de la Aeronáutica Militar Argentina (1912-33)

La formación de los pilotos se hacía principalmente en los biplanos Farman y monoplanos Blériot; en aquellos se realizaba la instrucción primaria para posteriormente efectuar la avanzada en los Blériot.

El surgimiento de la Primera Guerra Mundial, que llevó a un gran desarrollo de la aviación de combate, hizo que el material de la Escuela quedase obsoleto y recién en 1919, concluidos los enfrentamientos, se logró un reequipamiento con aviones Caudron adquiridos en Francia, más otros llegados con las misiones aeronáuticas de Italia y Francia.

Asimismo, la estructura inicial de la Aeronáutica Militar fue incrementada mediante la creación del Servicio Aeronáutico del Ejército, en 1920.

Para finalizar este trabajo agregaremos que la Escuela de Aviación Militar, tras un corto período de disolución entre 1922-25, fue restablecida y continúa formando aviadores hasta el presente - a partir de 1937 en las por entonces nuevas instalaciones de Córdoba (700 km de Buenos Aires).

 

Bibliografía consultada

Libros

- AERONÁUTICA ARGENTINA – SERVICIO DE INTELIGENCIA DE AERONÁUTICA. Efemérides aeronáuticas. I.G.A., Bs. As., agosto de 1961.
- AERONÁUTICA MILITAR 1912-1937. The International Press, 1937.
- BIEDMA RECALDE, Antonio M. Crónica histórica de la aeronáutica argentina. Tomos I-II. Colección Aeroespacial Argentina. Bs. As., 1969.
- GARRAMENDY, Juan L. Tte. 1.º. Reseña histórica de la aeronáutica militar argentina. Biblioteca Aeronáutica. Vol. 2. Bs.As., 1933.
- LIRONI, Julio Víctor. Génesis de la aviación argentina 1910-1915. 1.ª. Edición. Bs. As., 1971.
- VIDAL, Alejandro. Aeronaútica Militar Argentina – Génesis y evolución hasta su autonomía institucional. Editorial Autores de Argentina, Bs.As., 2021.
- ZULOAGA, Ángel M. Brig. Gral. La victoria de las alas. Círculo de Aeronáutica, Bs. As., 1959.

 

 

Autor:Alejandro Vidal (Colaborador del Departamento de Investigaciones Históricas del MNA)

Fotos: Archivo del Autor.

 

DEPARTAMENTO INVESTIGACIONES HISTORICAS MNA 8-09-2023

 

 

 

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