03 de agosto de 2026
Eduardo Bradley, 75 años después de su fallecimiento
La vigencia de un pionero de la aeronáutica sudamericana
La historia de la aviación suele recordar a quienes conquistaron nuevos horizontes mediante máquinas cada vez más veloces y sofisticadas.
Sin embargo, antes de que los aeroplanos dominaran los cielos, existió una generación de hombres que desafió la naturaleza suspendida bajo enormes envolturas de tela infladas con aire caliente o gas.
Entre ellos destacó el argentino Eduardo Bradley, protagonista de una de las mayores hazañas aeronáuticas de Sudamérica: el primer cruce de la Cordillera de los Andes por vía aérea.
Nacido en La Plata el 9 de abril de 1887, Eduardo Bradley creció en una época en que el vuelo humano aún era considerado una aventura.
Hijo de Tomás Bradley Sutton y Mary Hayes O'Callaghan, perteneció a una generación fascinada por los avances científicos y por las posibilidades que ofrecía la navegación aérea.
Cuando la aerostación comenzó a desarrollarse en Argentina durante los primeros años del siglo XX, Bradley se incorporó al reducido grupo de entusiastas que veía en los globos una herramienta para explorar los límites de la atmósfera.
Su ingreso al Aero Club Argentino lo puso en contacto con la figura más influyente de la aeronáutica nacional; el Ingeniero Jorge Alejandro Newbery Malagarie.
La relación entre ambos resultó decisiva. Newbery no sólo era el gran impulsor de la actividad aérea argentina, sino también un ejemplo de audacia, disciplina y espíritu científico que impactó en nuestra aviación sudamericana y sobre todo, en un logro tan importante como lo será el desafío del cruce de la Cordillera de los Andes, por vía aérea.
Será entonces, que bajo su influencia, Bradley obtuvo el brevet de aeronauta N° 12 en septiembre de 1912, el primero emitido bajo las normas de la Federación Aeronáutica Internacional.
Luego en 1915, en su condición de Teniente de la Reserva, se diplomó como piloto aviador en la Escuela Militar de Aviación en el Palomar siendo además nombrado “Profesor Honorario de Aerostación” de aquella entidad, en atención a sus servicios prestados.
Aquellos años fueron los de la verdadera edad heroica de la aviación. Cada ascensión constituía una experiencia incierta. Los pilotos carecían de instrumentos modernos, sistemas de comunicación o pronósticos meteorológicos confiables. La seguridad dependía en gran medida de la experiencia, la observación objetiva y por sobre todo, del coraje.
Bradley se convirtió rápidamente en uno de los aeronautas más destacados de Argentina. Participó en numerosas ascensiones y acumuló experiencia en vuelos de larga distancia y gran altura.
Fuentes: Revista Aerohistoria del instituto de Investigaciones Histórico Aeronáuticas de Chile - Departamento de Investigaciones Históricas MNA
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